El Dios de Karen Amstrong
La irlandesa Karen Armstrong es una experta mundial en religiones. Forma parte del comité de la Alianza de las Civilizaciones, el proyecto turco-español al amparo de la ONU y copresidido por Federico Mayor Zaragoza y el turco Mehmet Aydin.
Es miembro del "Jesús seminar", un importante think tank con sede en California para el estudio de la figura de Jesús desde las ciencias humanas y de una teología aeclesial; la corriente en la que se inscribe es la llamada "Tercera búsqueda del Jesús histórico".
Compuso la llamada Carta de la compasión, firmada por numerosas personalidades mundiales. La compasión sería el común denominador del núcleo verdadero de todas las religiones y para los cristianos se propone la dimensión compasiva como credo y enseñanza básica en relación con Jesús, una ortopraxis en oposición a una ortodoxia.
Antigua religiosa irlandesa de una orden dedicada a la enseñanza, donde estuvo de 1962 a 1969, se dedicó tras su secularización al estudio de las religiones desarrollando una gran erudición. Ha escrito más de 20 libros, entre ellos el titulado "Agonías de convento" donde narra su traumático paso por el convento, y el último "En defensa de Dios", que sitúa a Dios en una equidistancia con respecto a creyentes y ateos, todos los cuales habrían malentendido la realidad de Dios cayendo en el fundamentalismo. Desterrado éste, todos los humanos podrían llegar a una comunión universal. La mística verdadera sería la de los místicos del no-saber, y toda proposición enunciativa sería contradictoria con la ultredad divina. Negando todo decir y uniéndose en el solo-hacer compasivo esto permitiría a la hermandad mundial ser finalmente feliz.
Dado que están muy imbuidas del pensamiento de Wittgenstein acerca de la arbitrariedad y limitación supremas del lenguaje, las tesis de Amstrong gustan especialmente entre los excreyentes que han nacido en una cultura social religiosa, porque de alguna manera éstos ven justificado su alejamiento. Un ejemplo tomado de un blog:
"La ciencia por lo tanto no debería inmiscuirse en la religión así como la religión no debería hacer ninguna declaración sobre hechos naturales. Una imagen que me ha gustado ha sido la idea de que no tiene sentido hablar en sí de la existencia de Dios, un Dios "creador" del universo jamás podría definirse con palabras, muchos menos sería apropiado preguntarnos si existe o no, sería algo infinito y parte de todos".
Defiende la separación absoluta entre fe y ciencia, como campos autónomos e imposibles de conciliar. Desconoce que a pesar de episodios escandalosos de incomprensión de la ciencia y sobre todo del machaqueo dos veces secular de invocar la ciencia como verdad absoluta, no hay otro horizonte razonable que el de una conciliación en la verdad; que se niegue la conciliación, más aún que se defienda la separación como remedio de paz, resulta extraño en una autora que defiende la conciliación como remedio para los males del mundo, excluendo precisamente ésta de fe y ciencia, que es mucho más fácil de lo que propone por cuanto innumerables científicos han sido a la vez hombres de fe y viceversa, sin ir más lejos el mismísimo autor de la teoría del Big Bang, el sacerdote católico Georges Lemaitre.
Las tesis de fondo de Amstrong no son nuevas en ningún caso, son un revival para nuevas generaciones y para excreyentes que han seguido vinculados a la religión sólo desde una teología cultureta, increyente en el fondo, aunque nombren al Jesús histórico por todas sus páginas.
Ciertamente el título es atractivo, "En defensa de Dios" y ¿qué creyente no quisiera hacer la defensa de su Dios? Pero los poco avisados, que son tantos, se confundirían y correrían riesgo, precisamente por su propia candidez, de dar por buenas tesis que aprecen ciertas por la sola exhibición erudita de la autora. La peor de todas es que Dios no sería un ente real, porque el lenguaje que usamos sería del todo inapropiado, incluso los términos "ente" y "real" serían meras construcciones de lenguaje; nos confina a no poder hablar ni pensar, a que toda palabra sea una convención que no remite a nada a no ser que se trate de un hecho científico.
Se desmonta nuestra misma capacidad de pensar y hablar, y por tanto nos dejaría, si por ella fuera, sin revelación divina, y sobre todo sin la resurrección del Señor, ya que ésta es excluida por principio entre los actuales estudiosos del "Jesus seminar" y sus corifeos por todo el globo, incluidos clérigos con dedicación pastoral. Y ya se sabe, sin revelación, sin resurrección no somos nada y entonces, qué casualidad, nos encontramos en la situación que hace las delicias luciferinas.
Una entrevista de Amstrong para un portal islamista nos permite saber además lo siguiente dicho por ella misma: Se dejó llevar de la histórica gran espantada de monjas tras el Vaticano II, y justificó su salida por la aniquilación del ego en su vida conventual; probó carrera universitaria pero fue suspendida en su tesis doctoral, lo que se saldó con escándalo que trascendió a la prensa consiguiendo anular el suspenso. Pero no pudo hacer carrera y se vio obligada a docencia de enseñanza media. Le quedó de cada uno de sus pasos en la vida una inmensa amargura, además de la enfermedad de la epilepsia. Participando de la amargura de la mujer de su época que quería liberarse del hombre no pudo sobrellevar vida de relación para evitar ningún sometimiento. Se sumó a los reformistas posvaticanos dedicándose a combatir toda autoridad en la iglesia considerándola como abusiva, para en una siguiente fase dedicarse a la erudición religiosa, pero siempre teniendo como telón de fondo no la investigación científica, sino propuestas de reforma del ser humano queriéndole quitar su agresividad o lo que ella entiende por tal. Usa los datos históricos-literarios para dar credibilidad a las tesis, pero su intención finalística la hace sumamente propensa a interpretaciones que expone como si fueran continuidad indisoluble de los hechos. Se ha sumado a la reedición del viejo historicismo religioso tan peculiar de la cultura de inicios del siglo XX. Es prototipo de la evolución de la mujer moderna en su propia biografía que ha puesto en práctica las conclusiones de Sartre acerca de la condena a la libertad como único bagaje existencial.
Es miembro del "Jesús seminar", un importante think tank con sede en California para el estudio de la figura de Jesús desde las ciencias humanas y de una teología aeclesial; la corriente en la que se inscribe es la llamada "Tercera búsqueda del Jesús histórico".
Compuso la llamada Carta de la compasión, firmada por numerosas personalidades mundiales. La compasión sería el común denominador del núcleo verdadero de todas las religiones y para los cristianos se propone la dimensión compasiva como credo y enseñanza básica en relación con Jesús, una ortopraxis en oposición a una ortodoxia.
Antigua religiosa irlandesa de una orden dedicada a la enseñanza, donde estuvo de 1962 a 1969, se dedicó tras su secularización al estudio de las religiones desarrollando una gran erudición. Ha escrito más de 20 libros, entre ellos el titulado "Agonías de convento" donde narra su traumático paso por el convento, y el último "En defensa de Dios", que sitúa a Dios en una equidistancia con respecto a creyentes y ateos, todos los cuales habrían malentendido la realidad de Dios cayendo en el fundamentalismo. Desterrado éste, todos los humanos podrían llegar a una comunión universal. La mística verdadera sería la de los místicos del no-saber, y toda proposición enunciativa sería contradictoria con la ultredad divina. Negando todo decir y uniéndose en el solo-hacer compasivo esto permitiría a la hermandad mundial ser finalmente feliz.
Dado que están muy imbuidas del pensamiento de Wittgenstein acerca de la arbitrariedad y limitación supremas del lenguaje, las tesis de Amstrong gustan especialmente entre los excreyentes que han nacido en una cultura social religiosa, porque de alguna manera éstos ven justificado su alejamiento. Un ejemplo tomado de un blog:
"La ciencia por lo tanto no debería inmiscuirse en la religión así como la religión no debería hacer ninguna declaración sobre hechos naturales. Una imagen que me ha gustado ha sido la idea de que no tiene sentido hablar en sí de la existencia de Dios, un Dios "creador" del universo jamás podría definirse con palabras, muchos menos sería apropiado preguntarnos si existe o no, sería algo infinito y parte de todos".
Defiende la separación absoluta entre fe y ciencia, como campos autónomos e imposibles de conciliar. Desconoce que a pesar de episodios escandalosos de incomprensión de la ciencia y sobre todo del machaqueo dos veces secular de invocar la ciencia como verdad absoluta, no hay otro horizonte razonable que el de una conciliación en la verdad; que se niegue la conciliación, más aún que se defienda la separación como remedio de paz, resulta extraño en una autora que defiende la conciliación como remedio para los males del mundo, excluendo precisamente ésta de fe y ciencia, que es mucho más fácil de lo que propone por cuanto innumerables científicos han sido a la vez hombres de fe y viceversa, sin ir más lejos el mismísimo autor de la teoría del Big Bang, el sacerdote católico Georges Lemaitre.
Las tesis de fondo de Amstrong no son nuevas en ningún caso, son un revival para nuevas generaciones y para excreyentes que han seguido vinculados a la religión sólo desde una teología cultureta, increyente en el fondo, aunque nombren al Jesús histórico por todas sus páginas.
Ciertamente el título es atractivo, "En defensa de Dios" y ¿qué creyente no quisiera hacer la defensa de su Dios? Pero los poco avisados, que son tantos, se confundirían y correrían riesgo, precisamente por su propia candidez, de dar por buenas tesis que aprecen ciertas por la sola exhibición erudita de la autora. La peor de todas es que Dios no sería un ente real, porque el lenguaje que usamos sería del todo inapropiado, incluso los términos "ente" y "real" serían meras construcciones de lenguaje; nos confina a no poder hablar ni pensar, a que toda palabra sea una convención que no remite a nada a no ser que se trate de un hecho científico.
Se desmonta nuestra misma capacidad de pensar y hablar, y por tanto nos dejaría, si por ella fuera, sin revelación divina, y sobre todo sin la resurrección del Señor, ya que ésta es excluida por principio entre los actuales estudiosos del "Jesus seminar" y sus corifeos por todo el globo, incluidos clérigos con dedicación pastoral. Y ya se sabe, sin revelación, sin resurrección no somos nada y entonces, qué casualidad, nos encontramos en la situación que hace las delicias luciferinas.
Una entrevista de Amstrong para un portal islamista nos permite saber además lo siguiente dicho por ella misma: Se dejó llevar de la histórica gran espantada de monjas tras el Vaticano II, y justificó su salida por la aniquilación del ego en su vida conventual; probó carrera universitaria pero fue suspendida en su tesis doctoral, lo que se saldó con escándalo que trascendió a la prensa consiguiendo anular el suspenso. Pero no pudo hacer carrera y se vio obligada a docencia de enseñanza media. Le quedó de cada uno de sus pasos en la vida una inmensa amargura, además de la enfermedad de la epilepsia. Participando de la amargura de la mujer de su época que quería liberarse del hombre no pudo sobrellevar vida de relación para evitar ningún sometimiento. Se sumó a los reformistas posvaticanos dedicándose a combatir toda autoridad en la iglesia considerándola como abusiva, para en una siguiente fase dedicarse a la erudición religiosa, pero siempre teniendo como telón de fondo no la investigación científica, sino propuestas de reforma del ser humano queriéndole quitar su agresividad o lo que ella entiende por tal. Usa los datos históricos-literarios para dar credibilidad a las tesis, pero su intención finalística la hace sumamente propensa a interpretaciones que expone como si fueran continuidad indisoluble de los hechos. Se ha sumado a la reedición del viejo historicismo religioso tan peculiar de la cultura de inicios del siglo XX. Es prototipo de la evolución de la mujer moderna en su propia biografía que ha puesto en práctica las conclusiones de Sartre acerca de la condena a la libertad como único bagaje existencial.
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