No vale. Stephen Hawking hace trampas en lógica

El físico Stephen Hawking, el considerado segundo Einstein, se dedica sobre todo a la divulgación científica en una serie de documentales distribuidos por todo el mundo. Pero es lamentable que suponiéndose en él una maestría en el uso de la lógica por su capacidad cientíca, use falacias lógicas cuando la divulgación es en realidad enseñanza no ya de ateismo, sino de negación de cualesquiera caminos que se vayan acercando al reconocimiento del obrar divino.
Un ejemplo palmario de uno de sus últimos documentales difundidos: asumía que tenemos un libre albedrío, lo cual parece en principio que se aleja del cientismo materialista y determinista más rancio, pero la afirmación se convertía en sarcástica cuando mostraba a un hombre a la hora de elegir de su nevera qué zumo beber; para Hawking sólo era libre en apariencia, puesto que en realidad eran las asociaciones mentales despertadas por el olor de cada zumo -en aquel caso un recuerdo de amor juvenil- las que le hacían decidirse por un zumo u otro. Sin embargo, siendo verdad que las neuronas deciden muchas cosas en nosotros, tenemos un superyo, que es capaz de evaluar los "consejos" de nuestras neuronas, y es aquí donde entra el libre albedrío. Las pasiones desordenadas ejercen fuerza en nosotros y llevan consigo configuraciones neuronales poderosas, sin embargo, no son omnipotentes, como sugiere Hawking, sino que pueden ser dispersadas, reorganizadas para bien, mediante superiores radiaciones, metáfora que usamos para referirnos a los sacramentos, a la oración, en definitiva a la superior fuerza de Dios en nosotros. El pecado nos hace esclavos, o dicho en sánscrito de ciencia, nos determinan las neuronas, pero siendo eso verdad, Dios es la fuerza liberadora, el amor y la misericordia nos liberan, si queremos dejarnos liberar.