Amor a Dios y amor al ser humano. Adán, Eva, los descendientes y Dios.
El amor al ser humano ha sido siempre defendido por el propio ser humano; esto bien mirado es algo extraordinario, pues aunque se ha violado siempre ese amor, en todas las épocas, el violador tiene siempre ante sí el reproche de sus congéneres, sabe que ellos le condenan por el mal hecho a otros, incluso si no dicen nada por temor.
En cambio el amor a Dios no tiene defensa entre los hombres. Ningún código ni conciencia humana presiona en su favor. Han sido y son colosales los que combaten a Dios, a la idea de Dios, a los que creen en Dios. No hay ninguna ley que defienda a Dios, o bien se producen simulacros de leyes violentas que dicen defender a Dios y los celosos son exterminadores, que con sus matanzas desprestigian al Dios en cuyo nombre dicen actuar.
Adán y Eva pecaron contra Dios, pero no lo hicieron así contra el hombre, tuvieron dos hijos Caín y Set (dejando a un lado a Abel) que a su vez tuvieron descendencia. Caín es la descendencia de los rebeldes contra Dios y contra el amor al hombre y Set es la descendencia de los que tienen como principio el amor a los hombres y un débil resto de reconocimiento de Dios. Los descendientes de Set somos nosotros y los de Caín, los humanos-bestias antediluvianos, desaparecieron.Nuestra raza sin embargo progresa claramente en la dirección del crimen contra el hombre y sus débiles restos de amor quedan todavía en leyes y pensamientos, pero nunca hemos aceptado a Dios, si no es en algunos muy pocos, cuyo prototipo es Noé. Vivimos del adn de Set si se puede hablar así.
Los hombres-bestia son los unidos a lo no humano, produciendo aquellos híbridos humano-animal; hoy esos híbridos se reproducen cada vez más y piden nueva selección divina, como en tiempos de Noé. Ya no vendrá un diluvio universal, pero sí la recreación nueva de aquel exterminio dictado divinamente, de manera muy d8istinta, pero en el fondo similar, con el rescate de los que han mantenido un resto siquiera sea débil de amor a Dios y amor al prójimo.
Hoy se ve cómo hasta en las iglesias no se habla del amor a Dios, que se sobreentiende en el amor al hombre; es cierto que no amas a Dios realmente si no amas al prójimo al que ves, pero eso no autoriza a decir que el amor al prójimo, y mucho menos la simple proclamación facilona de ese amor dirigida a la galería, es todo lo que se puede necesitar. Es quedarse en el nivel de Set, todavía superior al de Caín, pero no se ha alcanzado el nivel del hombre nuevo Jesucristo, donde amor al hombre y amor a Dios no se excluyen, ni se proclaman como si fueran contendientes.
En cambio el amor a Dios no tiene defensa entre los hombres. Ningún código ni conciencia humana presiona en su favor. Han sido y son colosales los que combaten a Dios, a la idea de Dios, a los que creen en Dios. No hay ninguna ley que defienda a Dios, o bien se producen simulacros de leyes violentas que dicen defender a Dios y los celosos son exterminadores, que con sus matanzas desprestigian al Dios en cuyo nombre dicen actuar.
Adán y Eva pecaron contra Dios, pero no lo hicieron así contra el hombre, tuvieron dos hijos Caín y Set (dejando a un lado a Abel) que a su vez tuvieron descendencia. Caín es la descendencia de los rebeldes contra Dios y contra el amor al hombre y Set es la descendencia de los que tienen como principio el amor a los hombres y un débil resto de reconocimiento de Dios. Los descendientes de Set somos nosotros y los de Caín, los humanos-bestias antediluvianos, desaparecieron.Nuestra raza sin embargo progresa claramente en la dirección del crimen contra el hombre y sus débiles restos de amor quedan todavía en leyes y pensamientos, pero nunca hemos aceptado a Dios, si no es en algunos muy pocos, cuyo prototipo es Noé. Vivimos del adn de Set si se puede hablar así.
Los hombres-bestia son los unidos a lo no humano, produciendo aquellos híbridos humano-animal; hoy esos híbridos se reproducen cada vez más y piden nueva selección divina, como en tiempos de Noé. Ya no vendrá un diluvio universal, pero sí la recreación nueva de aquel exterminio dictado divinamente, de manera muy d8istinta, pero en el fondo similar, con el rescate de los que han mantenido un resto siquiera sea débil de amor a Dios y amor al prójimo.
Hoy se ve cómo hasta en las iglesias no se habla del amor a Dios, que se sobreentiende en el amor al hombre; es cierto que no amas a Dios realmente si no amas al prójimo al que ves, pero eso no autoriza a decir que el amor al prójimo, y mucho menos la simple proclamación facilona de ese amor dirigida a la galería, es todo lo que se puede necesitar. Es quedarse en el nivel de Set, todavía superior al de Caín, pero no se ha alcanzado el nivel del hombre nuevo Jesucristo, donde amor al hombre y amor a Dios no se excluyen, ni se proclaman como si fueran contendientes.