Doble discurso de los divulgadores científicos
Hay que distinguir entre científicos y divulgadores de la ciencia. Son los segundos los responsables del cientismo ateo, es decir, de cubrirse del manto científico para hacer ateismo. El auténtico científico está a sus experimentos y a sus conclusiones, siempre de un modo humilde, y obligado por la comunidad científica a ser humilde precisamente, es decir, a no ofrecer conclusiones no probadas.
En cambio, están los divulgadores científicos, como Dawkins, que es de hecho profesor de cátedra de divulgación científica y conocido en los mass media por sus campañas ateas de autobús, o entre nosotros, Eduardo Punset. Divulgan no sólo ciencia sino ateismo o bien materialismo: la ciencia ya contendría todas las maravillas, misterios y promesas de un futuro mejor que tiene la religión, y además todo ello regido por la razón, nada de instancias más allá del ser humano; en realidad lo que hacen es pseudoreligión, y no defensa de la razón contra la superstición, como decían antes.
Dawkins es de hecho un admirador de Aldous Huxley, quien hacia 1920 se encargó de constituir las bases del cientismo darwinista, con su libro Religión sin revelación.
Científicos que alcanzan la resonancia mundial también se dedican a utilizar su prestigio y su atractivo mediático para hacer metafísica, lo hicieron por ejemplo Einstein, y entre nosotros Severo Ochoa, quien dijo que se había pasado toda la vida estudiando la vida pero que no sabía para qué servía (algo que sí sabe cualquiera por analfabeto que sea, que la vida es para invertirla en ayudar).
Al hacer pasar su cientismo por alternativa religiosa están ya engañando, pues lo científico tiene sus fronteras donde es válido y además a menudo acaba llegando a conclusiones antes impensables, como es el caso del llamado Adán científico, el descubrimiento en 2006 de un ancestro primero, confirmando la monogenia (eso sí reconocer que Dios "es" ya les cuesta más digerirlo y no lo dirán, porque eso no se puede decir desde la ciencia sino desde la gracia divina que repudian previamente). Si el científico no hace cientismo entonces seguro que acabará creyendo en su corazón, porque la fe es un premio a la honradez moral.
En cambio, están los divulgadores científicos, como Dawkins, que es de hecho profesor de cátedra de divulgación científica y conocido en los mass media por sus campañas ateas de autobús, o entre nosotros, Eduardo Punset. Divulgan no sólo ciencia sino ateismo o bien materialismo: la ciencia ya contendría todas las maravillas, misterios y promesas de un futuro mejor que tiene la religión, y además todo ello regido por la razón, nada de instancias más allá del ser humano; en realidad lo que hacen es pseudoreligión, y no defensa de la razón contra la superstición, como decían antes.
Dawkins es de hecho un admirador de Aldous Huxley, quien hacia 1920 se encargó de constituir las bases del cientismo darwinista, con su libro Religión sin revelación.
Científicos que alcanzan la resonancia mundial también se dedican a utilizar su prestigio y su atractivo mediático para hacer metafísica, lo hicieron por ejemplo Einstein, y entre nosotros Severo Ochoa, quien dijo que se había pasado toda la vida estudiando la vida pero que no sabía para qué servía (algo que sí sabe cualquiera por analfabeto que sea, que la vida es para invertirla en ayudar).
Al hacer pasar su cientismo por alternativa religiosa están ya engañando, pues lo científico tiene sus fronteras donde es válido y además a menudo acaba llegando a conclusiones antes impensables, como es el caso del llamado Adán científico, el descubrimiento en 2006 de un ancestro primero, confirmando la monogenia (eso sí reconocer que Dios "es" ya les cuesta más digerirlo y no lo dirán, porque eso no se puede decir desde la ciencia sino desde la gracia divina que repudian previamente). Si el científico no hace cientismo entonces seguro que acabará creyendo en su corazón, porque la fe es un premio a la honradez moral.
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