Newton o la mente prodigiosa descifrando las profecías
Newton el descubridor de la ley de la gravedad es menos conocido en su faceta de investigador esotérico, normalmente ocultada para no dañar su prestigio como padre de la ciencia. El no creía en la Trinidad, siendo de confesión anglicana, y quería desentrañar los misterios de la Biblia mediante el método que tan bien le había servido para descifrar los misterios del universo, es decir mediante numerología; pero el método científico aquí no le servía y entonces desarrolló una especie de cabalística para concretar fechas a profecías bíblicas, despreciando el dicho del Señor sobre que la fecha no la conoce sino el Padre y a quien el Hijo se la quisiera revelar.
Es un científico más dentro de lo que sería una larga lista de buscadores de éxito en lo físico y grandes fracasados en la busqueda metafísica. Ignorando siempre que Dios caza al sabio en su astucia.
Negando la Trinidad, Newton negaba el número fundamental, el 1 y el 3, Uno en Tres, y Tres en Uno. Consecuentemente todo lo que hiciera desde esa negación de la verdad de Dios y su acción metafísica en el mundo no podía acabar sino en parodia y compulsividad. El único número que necesitaba conocer lo ignoraba de voluntad y quiso investigar toda la simbología numérica de la Biblia bajo sus propias apreciaciones. Su mente que había desencriptado los misterios del cosmos, algunos de ellos de todos modos muy relativos como pondría más adelante de manifiesto Einstein, quería desencriptar los misterios de la mente divina y encima sin participar de la condición perseguida del cristiano de a fondo (era preboste económico en Inglaterra). Un lamentable contrasentido que se saldaría con el fracaso vivencial más absoluto, un ejemplo a no seguir. Muchos siguen hoy sus especulaciones cabalísticas para determinar fechas del apocalipsis, poniendo significados a los números del templo de salomón o a las profecías de Daniel. Conocer que todo esto se debe a la parte menos inteligente y más irracional de Newton nos guardará de seguir esos caminos. Y el que los quiera seguir a pesar de todo es porque será víctima de las propias némesis interiores de Newton.
Es un científico más dentro de lo que sería una larga lista de buscadores de éxito en lo físico y grandes fracasados en la busqueda metafísica. Ignorando siempre que Dios caza al sabio en su astucia.
Negando la Trinidad, Newton negaba el número fundamental, el 1 y el 3, Uno en Tres, y Tres en Uno. Consecuentemente todo lo que hiciera desde esa negación de la verdad de Dios y su acción metafísica en el mundo no podía acabar sino en parodia y compulsividad. El único número que necesitaba conocer lo ignoraba de voluntad y quiso investigar toda la simbología numérica de la Biblia bajo sus propias apreciaciones. Su mente que había desencriptado los misterios del cosmos, algunos de ellos de todos modos muy relativos como pondría más adelante de manifiesto Einstein, quería desencriptar los misterios de la mente divina y encima sin participar de la condición perseguida del cristiano de a fondo (era preboste económico en Inglaterra). Un lamentable contrasentido que se saldaría con el fracaso vivencial más absoluto, un ejemplo a no seguir. Muchos siguen hoy sus especulaciones cabalísticas para determinar fechas del apocalipsis, poniendo significados a los números del templo de salomón o a las profecías de Daniel. Conocer que todo esto se debe a la parte menos inteligente y más irracional de Newton nos guardará de seguir esos caminos. Y el que los quiera seguir a pesar de todo es porque será víctima de las propias némesis interiores de Newton.