Película La Isla, metáfora de la gran cultura negacionista
La Isla fue una película de 2005 que encerraba una metáfora de lo que es el actual vivir donde Dios está excluido meticulosamente de toda escenografía, represora de todo estímulo para acceder a El. No fue un gran éxito comercial, pero más allá de sus logros técnicos, su valor es el de metáfora ilustrada. En la película la isla es un recóndito lugar, que sugiere la caverna de Platón -otra metáfora de nuestra vida-; a diferencia del mito platónico se trata de un lugar repleto de tecnología, pero donde coinciden en una dominante falsa certeza: no hay otro mundo fuera de aquél. Es lo mismo que sucede cuando recorremos medios de comunicación, películas, webs de internet, y también en las conversaciones donde si se acepta el más allá es sólo en el reducido círculo del esoterismo, que es otra forma de negación de la verdadera vida, un recurso más para negar la verdadera vida en Dios, hecho para los que sienten luces más allá de la materialidad, que son sofocados con programas, libros de esoterismo, que acaban reduciéndolo todo a espectros y encuentros con los seres demónicos y sus adláteres.
Es la completa cultura la que se encuentra en una vasta conspiración de silencio, a la espera de la muerte de cada uno, cuya alma quiere ser llevada al infierno.
Incluso alguna página web llega a referirse también como nosotros a esta película, como metáfora de la falaz existencia negacionista, pero al rechazar toda religión como falacia, resulta que nos encontramos con una falsa revelación, porque se trata de una metáfora involuntaria de Hollywood, pero negar toda religión es incurrir en la producción de tinieblas, ¿cómo salir del falso mundo luminoso que es La isla, es decir, nuestra cultura, sin abrirse religiosamente a la Gran Luz, al Dios que todo lo ha creado? Aunque desde luego, no basta tener una religión para acceder al Dios verdadero, ya que las falsas religiones son otras tantas concesiones a la mística que irrumpe desde nuestros corazones, que busca a Dios, pero cuyo impulso es desviado por canales que desembocan en el desierto.
Nuestra iglesia católica en sus representaciones humanas, también ha cedido a la misión negacionista, seres que quieren escapar de estas tinieblas y a los que se les dice, no, simplemente hacer el bien, es todo, dejaos de escapismos, lo mismo que desde el ateismo decimonónico se ha venido machacando.
El manto aislacionista, negacionista se ve que es cada vez más espeso, la cultura que creyó bastarse a sí misma, aquella cultura a la que se entregaron los que estuvieron sujetos a la firme disciplina eclesiástica, que se han pasado la vida peleándose con su primera comunión, se vuelve férrea tiniebla. La apostasía fáctica cierne las tinieblas sobre sus descendientes o mejor, colabora al vasto proyecto de extinción física y moral.
Pero décadas y décadas y continúa la conjura del silencio, mediático y de conversaciones: todo lo que entra por ojos y oídos ha quedado fuertemente censurado de toda referencia al Dios verdadero y a todo camino para llegar a él, ésta es la verdadera represión, no la otra la que sujetaba a los caballos de la carne, ahora en galope libre sin conductor. Guardianes de la prisión del mundo se han hecho también aquellos padres y madres que niegan todo acceso de sus hijos a la Luz, también ellos meticulosos agentes de silencio y ceguera.
Pero todavía es posible escapar, como por milagro, a pesar de la férrea vigilancia de los agentes ateístas de proximidad y de las legiones de los comunicadores incursos en crear la falsa realidad virtual del mundo donde lo más sobrenatural que se acepta son los espectros, todavía unos cuantos logran elevar el vuelo, aun cuando en su vuelo liberador, buscando a su Padre, son, somos, combatidos por los dominadores del aire, que sólo pueden ser sorteados con la lucha sin cuartel contra la carne y la sangre, contra el animal interior y con los sacramentos, jugos vitales, parihuelas para los huesos quebrados, vendajes para nuestras heridas de la mente que delira sin cesar.
Es la completa cultura la que se encuentra en una vasta conspiración de silencio, a la espera de la muerte de cada uno, cuya alma quiere ser llevada al infierno.
Incluso alguna página web llega a referirse también como nosotros a esta película, como metáfora de la falaz existencia negacionista, pero al rechazar toda religión como falacia, resulta que nos encontramos con una falsa revelación, porque se trata de una metáfora involuntaria de Hollywood, pero negar toda religión es incurrir en la producción de tinieblas, ¿cómo salir del falso mundo luminoso que es La isla, es decir, nuestra cultura, sin abrirse religiosamente a la Gran Luz, al Dios que todo lo ha creado? Aunque desde luego, no basta tener una religión para acceder al Dios verdadero, ya que las falsas religiones son otras tantas concesiones a la mística que irrumpe desde nuestros corazones, que busca a Dios, pero cuyo impulso es desviado por canales que desembocan en el desierto.
Nuestra iglesia católica en sus representaciones humanas, también ha cedido a la misión negacionista, seres que quieren escapar de estas tinieblas y a los que se les dice, no, simplemente hacer el bien, es todo, dejaos de escapismos, lo mismo que desde el ateismo decimonónico se ha venido machacando.
El manto aislacionista, negacionista se ve que es cada vez más espeso, la cultura que creyó bastarse a sí misma, aquella cultura a la que se entregaron los que estuvieron sujetos a la firme disciplina eclesiástica, que se han pasado la vida peleándose con su primera comunión, se vuelve férrea tiniebla. La apostasía fáctica cierne las tinieblas sobre sus descendientes o mejor, colabora al vasto proyecto de extinción física y moral.
Pero décadas y décadas y continúa la conjura del silencio, mediático y de conversaciones: todo lo que entra por ojos y oídos ha quedado fuertemente censurado de toda referencia al Dios verdadero y a todo camino para llegar a él, ésta es la verdadera represión, no la otra la que sujetaba a los caballos de la carne, ahora en galope libre sin conductor. Guardianes de la prisión del mundo se han hecho también aquellos padres y madres que niegan todo acceso de sus hijos a la Luz, también ellos meticulosos agentes de silencio y ceguera.
Pero todavía es posible escapar, como por milagro, a pesar de la férrea vigilancia de los agentes ateístas de proximidad y de las legiones de los comunicadores incursos en crear la falsa realidad virtual del mundo donde lo más sobrenatural que se acepta son los espectros, todavía unos cuantos logran elevar el vuelo, aun cuando en su vuelo liberador, buscando a su Padre, son, somos, combatidos por los dominadores del aire, que sólo pueden ser sorteados con la lucha sin cuartel contra la carne y la sangre, contra el animal interior y con los sacramentos, jugos vitales, parihuelas para los huesos quebrados, vendajes para nuestras heridas de la mente que delira sin cesar.
Comentarios
Publicar un comentario