Agenda metafísica engañosa de la divulgación científica

Los científicos profesionales no hacen afirmaciones metafísicas en sus publicaciones, sin embargo la metafísica de una naturaleza creada por el azar echando los dados es común en los documentales divulgadores y en la enseñanza dada a los jóvenes en centros en todos los niveles educativos, desde primaria a universidad. Les llevan a confundir ciencia con cientismo, una creencia metafísica que ya de entrada va falseada al ser presentada como conclusión de base científica.
Cuando se les pone objeciones a la creencia metafísica inoculada, los jóvenes muestran de entrada incredulidad, porque sólo han oido la versión oficializada en multitud de fuentes. Un ejemplo lo constituye la interpretación de la evolución, en concreto la creencia de que el ser humano ha evolucionado desde seres primitivos, y la prueba sería que los embriones de pez y de humano serían muy parecidos en su fase inicial. Esta falsa prueba se aporta en los libros de texto que la ilustran con unos dibujos hechos por el principal difusor del darwinismo después de Darwin, Haeckel, ya desvelados como invenciones en su época, a pesar de lo cual hubo que esperar hasta 1997 para que se difundiera la falsedad por medio de imágenes reales de embriones; desde luego una información que no es de dominio general ni es apoyada en los medios de los mitos científicos.
Filósofos del siglo XX, nada religiosos por otra parte, como Bachelard o Koyré, y en general los filósofos de la ciencia, como Kuhn y Lakatos, hoy están de acuerdo en que hay una agenda de intereses de conveniencia en muchos círculos científicos, que padecen los mismos achaques de frivolidad cognitiva que el resto de los mortales, por ejemplo Pasteur fue despreciado por ser un químico y no un biólogo, y en general si no se es de un círculo científico, no se está en sus publicaciones o congresos dominantes, no se atiende a las investigaciones independientes.
La valoración negativa de científicos independientes por simple celo de grupo es muy notoria y en esos círculos la agenda metafísica es muy poderosa, hay una cultura pseudoreligiosa que se solapa con las investigaciones materiales, una divinización del saber, un ideal gnóstico, que se opone con soluciones metafísicas que aparentan ser científicas a Dios en cuanto creador. Han contribuido incluso clérigos a este proceso, por ejemplo Lemaitre, clérigo belga creador nada menos que de la teoría del big bang, que llevado de sus buenas intenciones de conciliación entre ciencia y fe, usó esta teoría para evitar hablar de Dios con los grandes hombres de la ciencia; al principio les resultaba sospechoso a líderes como Einstein, que luego lo aceptaron; pero lo sospechoso es que hayan aceptado el big bang los científicos con agenda metafísica.
Este mito científico de la evolución se ha extendido a todos los campos, primero a los biológicos luego a los procesos sociales, pero en el fondo nacieron como medias verdades, que si se difundieron prontamente era por su servicio al ateismo, de lo contrario nadie sabría de ellos, como cosa abstrusa.

 

Hoy la difusión del mito científico evolucionista criptoateo es obligatorio para que proyectos, por ejemplo el Museo de la evolución humana de Burgos y la fundación de Atapuerca reciban aprobación y financiación.
 Estando sin probar elementos centrales como el surgimiento de la vida por acción eléctrica en una sopa primigenia, no existiendo más pruebas de la de una evolución como simple adaptación de órganos funcionales al medio, y no existiendo fósiles intermedios, sin embargo, se difunde por doquier para los jóvenes y los indoctos el mito evolutivo, muy funcional para ignorar a Dios y su Poder y rehusarle todo reconocimiento y obediencia.
Y quienes desde la iglesia deben elevar su voz no lo hacen para no ser lapidados mediáticamente. Así es como se ha impuesto la cultura práctica del ateismo negador de la creación divina, un elemento más negador de Dios en todos los estamentos de la actual cultura humana, que no podía ser menos que un proceso de engaño radical. Así que nos es tan difícil rescatar a los jóvenes del ateismo cognitivo en que les han inmerso los activos difusores y los que miran a otro lado para salvaguardar su confort con su falso argumento de que ya se acabó la era de reñirle al mundo, de recordarle que Dios Actúa y sólo hay que acariciar a los hombres con suavidad melosa. Los agentes de la iglesia han renunciado al profetismo porque no quieren el martirio y lo disimulan bajo proclamas de bondad para ser aceptos al mundo. Una inmensa torpeza de querer disfrutar en el tiempo presente para al final haberselas con el gran juicio, inmensa por ser ellos quienes más sabían de ese gran juicio, sobre el que han decidido callar.

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