Científicos metidos a profetas ateos humanitarios
Se propalan en los medios las apreciaciones de Stephen Hawking, que como muchos otros científicos, como lo hiciera ya Einstein, quieren sentar plaza de profetas de la humanidad autónoma. Dicen que el mundo y nosotros estamos solo con nosotros mismos, y que el que crea otra cosa cree en cuentos de hadas. Como método científico deja mucho que desear. No les basta ser científicos tienen que ser profetas falsos y arrastrar a la gente.
Hawking fue cuidado con esmero por una buena esposa católica, y quizá es eso lo que no perdona, haber sido objeto de la compasión divina.
La ciencia no se opone a la fe, son los que hacen cientismo, es decir ideologíca científica, que quieren enseguida ser guías ciegos de la humanidad, invocando psicoanálisis y filosofía materialista en sus propósitos. Naturalmente muchos están encantados con esto, se sienten fortificados en su vida autónoma de autodioses y pueden aplazar sine die la reforma de sus vidas, ya que no hay nadie que les vea ni que sepa lo que hacen ni que les pedirá cuentas. Les bastaría reconocer que no van a ninguna parte como autoidolos. Siguen a los falsos profetas que dicen lo que les gusta oir. Se ponen soberbios, es decir, quieren el placer de sentirse por encima de Dios, al que declaran una nada. Si superan lo que será de ellos de seguir así, cuando Dios va retirando su presencia. Sentirán la desesperación y entonces a quién le van pedir ayuda, ¿a Hawking? No, no estará él, no sentirán a nadie y tendrán que saber lo que es una vida de tinieblas.
Hawking fue cuidado con esmero por una buena esposa católica, y quizá es eso lo que no perdona, haber sido objeto de la compasión divina.
La ciencia no se opone a la fe, son los que hacen cientismo, es decir ideologíca científica, que quieren enseguida ser guías ciegos de la humanidad, invocando psicoanálisis y filosofía materialista en sus propósitos. Naturalmente muchos están encantados con esto, se sienten fortificados en su vida autónoma de autodioses y pueden aplazar sine die la reforma de sus vidas, ya que no hay nadie que les vea ni que sepa lo que hacen ni que les pedirá cuentas. Les bastaría reconocer que no van a ninguna parte como autoidolos. Siguen a los falsos profetas que dicen lo que les gusta oir. Se ponen soberbios, es decir, quieren el placer de sentirse por encima de Dios, al que declaran una nada. Si superan lo que será de ellos de seguir así, cuando Dios va retirando su presencia. Sentirán la desesperación y entonces a quién le van pedir ayuda, ¿a Hawking? No, no estará él, no sentirán a nadie y tendrán que saber lo que es una vida de tinieblas.
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